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Conversación


-Muchas cosas cambiarán, -dijo él.


-¿Por qué? -respondió ella.


-Así no se puede -afirmó él-


-Pero si estamos bien… -gimió ella.


-Eso parece, pero no me siento bien -dijo él.


-¿Qué te ocurre? -preguntó ella.


-Verás, una vez al día me digo: -tranquilo, hombre, todo irá bien.


Pero luego no es así: no nos vemos en todo el día, cuando nos


vemos estoy cansado y no me apetece discutir, entonces dejo que tú


hagas y deshagas, para no tener que decidir yo.


Pero últimamente no me gusta nada esta forma de proceder -explicó


él.


-Lo siento -dijo ella.


-¿Por qué? -dijo él.


-Yo pienso que así te ayudo. Sé que tienes mucho trabajo y muchas


responsabilidades. Por eso, aunque yo también trabajo, dejo todo listo


para no tener que molestarte con tonterías, como qué comemos,


salimos o no, etc. No me parece bien interrumpirte para preguntarte


estas cosas.


-No lo había visto de esa manera -dijo él.


-Muchas veces estoy tentada de llamarte y consultarte, pero


entonces aparto ese impulso y ya lo resuelvo. Para no importunarte.




Y muchas veces eso me hace sentir sola, aunque luego, cuando


sonríes, ya vale la pena -explicó ella.


-Gracias, -dijo él.


-¿Por qué? -dijo ella.


-Por esta conversación, lo necesitaba -dijo él.


-¡Pues cuando quieras! -respondió ella sonriendo.




¿Cómo me siento yo?


¿Cómo se siente el otro?


Dejemos de intentar adivinarlo:


¿Y si probamos con una conversación?





 
 
 

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©2021 por Angelina Fabiola Caminos

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