Salir del encierro
Salir del encierro a que uno mismo se ha confinado puede ser incluso más difícil de salir que si estuviésemos en lo alto de una torre y sin escalera.
Lo mejor es que muchas veces no nos damos cuenta de cómo llegamos a esa torre, y nos parece normal estar allí, sin salida.
Mientras la vida transcurre sin demasiados altibajos, nos acostumbramos a esa “vida”, sin pensar siquiera que existe algo más.
Además, a esa torre la construímos solitos, pedacito por pedacito: levantamos sus paredes con nuestras frustraciones, miedos, tristezas, desesperanzas, falta de confianza, y, cuando está lo bastante alta, nos metemos allí, y nos sentimos a salvo.
Angelina Fabiola Caminos






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